Cuaderno de Bitácora. Día 33.
Ayer la cosa fue mucho mejor, ya me va dando menos miedo la fisio y creo que al final no sacará la sierra eléctrica para cortarme la pata a laminillas.
Tras un masaje en la patita, en donde me encontró puntos dolorosos que yo ignoraba que tenía y después de unos masajitos eléctricos, la fisio me premió con una sesión de juegos donde interactuamos las dos y se fortaleció nuestra amistad, muy tipo el Encantador de Perros y tal. Me subí a la media esfera ésa que me han dicho que se llama bosu y desde ahí, haciendo equilibrios, la fisio me lanzaba la pelotita y yo la cogía y se la lanzaba a ella. Arfff, Arfff, todo muy perruno.
El caso es que con la tontería me encantó el juego y creo que espanté un poco a la fisio cuando alegremente gorjeaba al agarrar la pelotita y decirle que era divertidísimo. Guau!! Guau!! Aúúúúúúúúúú!!!. No le dí un lametonazo en la cara al terminar por miedo a que llamara al departamento de psiquiatría o algo, pero vamos, que no hubiera estado de más. Lo malo es que sigue sin darme una galleta al terminar y eso ya me está mosqueando.
La fatalidad vino después. ¡Me quedé sin batería y me había dejado el cargador en el despacho!. Oh, tragedia, Oh, Apocalipsis...estas cosas me muestran la cruda realidad...que estoy enganchada a la tablet. Lisiada y adicta a la tablet...vamos progresando ¿eh?.
En fin, a ver cómo se me da la sesión esta tarde, lo primero que voy a hacer es fijar mi territorio alrededor del bosu, que me ha gustado el juguetito y como me lo quieran quitar, morderé, aprovechando que no llevo bozal...

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